Completándose el día 8 de la estadía en Singapur, las salidas necesarias comienzan a realizarse, las compras de regalos no van a dar espera y los encargos menos. Después de un almuerzo muy árabe en compañía de mi padre, nos fuimos haca la calle Bugis, una calle muy peculiar en uno de sus tramos, los olores comienzan a sentirse desde lejos y el sonido invade poco a poco los oídos de todos; aparte del calor impresionante se comienza a ver multitud de gente que vine y va de un lado a otro de un mercado que llaman "Bugis Street"
En este mercado se encuentra de todo y con precios bajos, desde los típicos jugos de durian, del cual su olor es bastante penetrante, hasta camisetas, gorras, pantalones, zapatos y demás entre una cantidad considerable de gente que va de lado a lado, comprando, bebiendo jugos, hablando mientras suena de fondo música electrónica en algún idioma raro de esta parte del mundo.
Luego de esta calle fuimos hacia un edificio donde usualmente se encuentran sacerdotes budistas y ante los cuales la gente se arrodilla a que los bendigan. En la entrada de este popular edificio una escultura de un buda en oro nos dio la bienvenida, poco a poco, persona tras persona antes de ingresar al edificio, pasaba tocaba al gran buda de oro, en la cabeza, las orejas y por supuesto en la barriga, no hubo una sola persona que no hiciera esto y era como ver llegar personas a un sitio donde les profesaban buena fe.
Luego a uno de los edificios de tecnología más grandes, donde se encuentra de todo, todas las marcas, los accesorios posibles para todos los aparatos tecnológicos que agobian nuestra vida hoy día, aunque finalmente este resulto siendo un sitio donde los vendedores quieren vender al costo que sea, pero vender, entre más rebajan piensan que uno va a comprar inmediatamente y más, cuando uno solo está averiguando para mirar si en realidad vale la pena comprar, pero bueno, superado los obstáculos decidimos devolvernos admirando cada detalle del país en el que seguiremos por al menos una semana más y que tiene mucho por descubrir.
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martes, 2 de agosto de 2011
martes, 26 de julio de 2011
FIN DE SEMANA ETERNO & 1ST SINGAPORE SUSHI DAY
Hasta Washington todo parecía normal, las instrucciones las daban en Inglés y en Japonés, todo cambió cuando arribamos en Tokyo y anunciaron la cancelación del vuelo que tomaría yo en seguida hacia Singapur, en ese instante creo que todo me dio vueltas, alguna solución habría eso seguro... el tiempo pasaba; una, dos, tres (¿minutos?), No, horas. Al fin, reembarcarse en otro avión era la solución, parecía fácil, pero no lo iba a ser. El viaje resultaba lo suficiente agotador como para tener que ir hasta el otro aeropuerto de Tokyo, el Haneda Airport y tomar otro avión, para ello tendría que pasar por inmigración, retirar mi equipaje y un bus nos llevaría hasta allá y allí hacer todo el proceso nuevamente reembarcarme a mi destino final del cual ya me había retrasado medio día de más, si pensaba llegar a la media noche a Singapur, a esa hora recién estaría tomando el avión y llegando ahora a las 6 am.
Después de caminar por un complejo de centros comerciales subterráneo y perdernos varias veces, ver tiendas de todos los colores, marcas y clases, hemos decidido ir a comer sushi en una barra libre, hasta el momento una de las cosas que más me han causado emoción. Los platos con pociones pequeñas de sushi, dando vuelta sobre una plataforma chica en frente de una mesa y de las sillas donde nos sentamos, cada uno con un valor de 1.80 dólares singapurienses; debo decir que los colores y después los sabores más extraños comenzaron a aparecer ante mi vista y luego en mi boca, sushis de todo tipo, d todos los colores y formas. Después de 11 platos de sushi, dos cocacolas y un té verde, fue suficiente para abandonar el sitio y continuar la caminata del día.
La adaptación al uso horario, recuerdo que no me había dado duro, y recién llegado en la mañana quise dormir un par de horas, ya que llevaba muchas sin reposar sobre una cama, pero no lo logré, así que procedimos a desayunar, mi cerebro quiso confundirse pero no lo dejé, luego algo no tan agradable se presentó ante nosotros, la idea de ir a apoyar la burocracia de este país, que debe ser igual a la de todos, para esto se nos encomendó la misión de ir a pedir la visa para poder ir a conocer Malasia y aunque fue más fácil de lo que pensé, ahora ando indocumentado hasta el día viernes, pero bueno no importa.
EL clima me agobia por momentos, un calor intenso con una humedad muy alta seguro, el cielo nublado no hace que la belleza del lugar se pierda y los grandes edificios hacen su aparición ante el lente de mi cámara. Primera montada en metro que tiene el mismo funcionamiento que los demás en el mundo, pero además una primera lección de la cual nos damos cuenta con solo mirar y que me lo confirma un aviso que dice "gracias por conservar su izquierda", diferente o no, ahora no solo tenia que mi cerebro acomodarse a desayunar, cuando en realidad debía estar cenando y cenar cuando debería desayunar, sino además a caminar por mi izquierda para dar paso por la derecha, lo más difícil en las escaleras eléctricas, sin embargo los residentes nos entienden, como buenos turistas, que desde lejos se ve que somos.
En la noche fuimos a una tienda gigantesca de má de 6 niveles de solo tecnología, todos los productos, todas las marcas posibles y por tanto todo tipo de precios, para llegar hasta ahí tuvimos que pasar por Bugi Street, una feria en la cual no se podía ni andar, cantidades de personas por una calle muy estrecha en la que de lado a lado habían solo tiendas de comida típica, con diferentes jugos, uno de esos no tan agradable ni de sabor, ni de olor, el jugo de durian, una fruta con un olor que se siente a cuadras y un sabor bastante penetrante que no deja pasar saliva de manera agradable.
En ese momento de la noche, los ojos me pesaban y el cuerpo pedía descansar, la cena fue sencilla y a dormir se dijo, en hora de singapur era hora de descansar para amanecer en horario y aprovechar el segundo día en la tierra de los leones.
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