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lunes, 1 de agosto de 2011

CUADRAS SORPREDENTES

Aunque las cosas por conocer son seguramente muchas, los días comienzan a bajar su intensidad, ya no son novedad los gigantescos edificios con formas diferentes, ni la cantidad de asiáticos con acentos diferentes de china y japon, tampoco los indios ni los indonesios, mucho menos pasa desapercibida la belleza de las mujeres de filipinas, ahora hay tiempo para admirar y disfrutar del ambiente de una manera más interna, mezclarse entre la gente resulta agradable porque el extranjero es uno, en un 99 por ciento seguro que nadie entiende español, así que resulta gracioso hablar de la gente sin que lo entiendan, así harán ellos con uno, sin duda alguna.

On tantas fotos que hemos sacado, el facebook se llena poco a poco y la gente da un viaje virtual por los lugares que yo he visitado, el twitter ha estado descuidado, pero aún así se me ocurren cosas que publicar como por ejemplo, pensar en que así como las personas aparecen en las fotos que uno toma, en cuántas fotos de los demás aparecerá uno y jamás lo sabrá, cuántas de estas serán subidas a internet.

Caminando por una avenida llena de centros comerciales, nos rodeamos de las mejores marcas y resultaron siendo más costosas de lo acordado, luego un paseo por un sitio al que fácilmente se puede comparar con Puerto Madero en Buenos Aires, el nombre del sitio Clarke Quay, cerca al río, restaurantes de todo tipo a lado y lado, ambiente de tranquilidad, de amigos de un vino o una cerveza con un buen plato de comida.

Decidimos así comer en un restaurante español, una paella valenciana con un botella de vino marquéz de cáceres a la orilla del rio, mientras el sol se ocultaba y las luces de colores se encendían para poner algo de belleza artificial a lo natural del ambiente que por momentos era inspirador de emociones y mils sentidos.

Estamos comenzando a ver la otra cara de Singapur, la que no es glamurosa ni avanzada, la que nos permite disfrutar.  

miércoles, 27 de julio de 2011

Bajo un sol sofocante

Por la ventana del 26 piso del edificio en el que me alojo en Singapur la niebla del día, seguida por una fuerte lluvia me ciega la espectacular vista de la isla, después de unos mints de creer que el plan del día se ha echado a perder, el cielo se despeja, el agua deja de caer y con cámaras en mano es hora de salir a enfrentar el duro calor de la ciudad.

El encuentro con la cultura Asiática ha resultado interesante, tener que conservar la izquierda en lugar de la derecha es algo más que de educación y un encuentro subterráneo con la tecnología que absorbe a todos y cada uno de los habitantes de esta isla, eso es posible verlo en el metro cuando todos van con sus smartphones chinos, iphones y demás, alienándose completamente del mundo exterior del cual ellos quizás lo ven monótono y yo no por ser ajeno a este.

Finalmente después de media hora con este panorama y de que el metro saliera a la superficie y nos dejara ver parte de la ciudad, llegamos al jardín chino y japonés, un mismo jardín en el que confluían construcciones de estas dos grande culturas, desde pagodas impresionante hasta los animales del horóscopo japonés en los que claramente identifique que soy el conejo, agradable, inteligente y cariñoso.


Bajo un sol sofocante y sin ver el reloj ni por un momento, llegaron las 3 de la tarde, el hambre no había aparecido, quizás porque mi cuerpo no se ha adaptado aún o porque en serio fue interesante el jardín.  En todo caso, el día se fue volando, fuimos a almorzar algo suave y luego a caminar por una de las zonas de más comercio en Singapur Orchard Road al que de seguro volveremos a comprar de todo.

El día terminó con una cena India, en la que los sabores se mezclaron con el picante y me hicieron recordar otros bellos momentos en Colombia, en la que iba a comer este tipo de comida y se tornaban en momentos en los que la misma cultura de nosotros se volcaba a entender como comían aquellas personas de la India, ante lo que es increíble que por medio de las papilas gustativas se pueda acceder a tanto conocimiento, luego un helado, algo sencillo para cerrar, una buena charla sobre la segunda guerra mundial, regresar al departamento y a descansar para mañana arrancar otro día más en esta isla moderna.